La Diócesis de Garagoa ha comenzado a escribir una nueva página de su historia. El pasado 25 de abril de 2026 quedará grabado en la memoria eclesial de esta Iglesia particular como el día en que se encendió nuevamente el ardor evangelizador de un pueblo creyente que, guiado por sus pastores y sostenido por la fuerza del Espíritu Santo, emprendió solemnemente la Gran Misión Diocesana en preparación a los cincuenta años de creación de la Diócesis de Garagoa.

No se trató simplemente de un evento pastoral o de una convocatoria masiva. Fue una verdadera experiencia de comunión, de renovación espiritual y de envío misionero. La Iglesia diocesana, peregrina en estas montañas boyacenses, quiso ponerse nuevamente en camino para recordar que su razón de existir es anunciar a Jesucristo, llevar su Evangelio a todos los rincones y renovar el corazón de las familias, de los jóvenes, de los niños, de los ancianos y de cada comunidad parroquial.

Desde muy temprano comenzaron a llegar a Garagoa los misioneros provenientes de las 34 parroquias de la diócesis. Junto a sus párrocos, movimientos apostólicos, comunidades y agentes de pastoral, fueron congregándose en el Coliseo del Colegio San Luis, convertido aquel día en un gran cenáculo misionero. Allí se respiraba alegría, esperanza y fraternidad. Banderas, signos parroquiales, cantos y expresiones de fe mostraban la riqueza espiritual de una diócesis viva, unida y profundamente enamorada de Cristo.

La celebración estuvo marcada por un profundo sentido de Iglesia. En torno al Obispo diocesano se reunieron los sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles laicos, todos conscientes de que la misión no pertenece únicamente a unos pocos, sino que nace del bautismo y compromete a cada creyente. La diócesis entera quiso renovar su identidad como Iglesia en salida, llamada a llevar la luz del Evangelio allí donde exista tristeza, indiferencia, soledad o desesperanza.

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la solemne procesión con el Santísimo Sacramento. Jesús Eucaristía recorrió las calles de Garagoa acompañado por el fervor de cientos de fieles que caminaban en oración, adoración y silencio reverente. La presencia del Señor en medio de su pueblo recordó que toda misión nace del altar y vuelve al altar. No hay verdadera evangelización sin encuentro profundo con Cristo vivo en la Eucaristía.

Precisamente por eso, el lema escogido para esta Gran Misión Diocesana expresa toda una espiritualidad pastoral y misionera:
“Con Cristo en el corazón, del altar a la misión.”

Este lema resume el camino que la diócesis desea recorrer durante estos años preparatorios hacia el jubileo de sus cincuenta años. La misión no puede reducirse a estrategias humanas ni a simples actividades externas; debe brotar de un corazón transformado por Cristo. Es desde la adoración, desde la oración y desde la Eucaristía donde nace el impulso para anunciar el Evangelio con autenticidad y valentía.

Durante la procesión también fueron entregadas las cruces misioneras para cada una de las parroquias. Aquel signo tuvo una fuerza profundamente simbólica. La cruz representa el amor de Cristo que salva, acompaña y sostiene. Cada parroquia recibió la misión de llevar esa cruz a sus comunidades, hogares y territorios, como anuncio de esperanza y signo visible de la presencia de Dios en medio del pueblo.

Posteriormente se celebró la Santa Eucaristía, culmen de toda la jornada. La celebración fue presidida solemnemente por el Arzobispo de Tunja y concelebrada por los obispos de la Provincia Eclesiástica, junto al presbiterio diocesano. La presencia de todos ellos manifestó la comunión de la Iglesia y el apoyo fraterno a este gran proceso evangelizador que emprende la Diócesis de Garagoa.

En la homilía resonó con fuerza el llamado a renovar el compromiso misionero y a no dejar que la fe se enfríe. La Iglesia está llamada a salir, a buscar, a escuchar, a acompañar y a sanar. Hoy más que nunca, en medio de tantas heridas sociales, familiares y espirituales, el Evangelio necesita ser anunciado con alegría, cercanía y testimonio.

La Gran Misión Diocesana surge también como respuesta a los desafíos del tiempo presente. Muchos hombres y mujeres viven hoy agobiados por la incertidumbre, la violencia, el individualismo y la pérdida del sentido de Dios. Frente a esta realidad, la diócesis quiere hacerse cercana, misionera y samaritana. Quiere tocar las puertas de las familias, caminar con los jóvenes, fortalecer la fe de las comunidades y reavivar el amor por Jesucristo.

Prepararse para los cincuenta años de la diócesis no significa únicamente recordar el pasado con nostalgia. Significa agradecer la obra que Dios ha realizado durante décadas a través de obispos, sacerdotes, religiosas, seminaristas y laicos que han entregado su vida por el Evangelio en estas tierras. Pero también significa mirar el futuro con esperanza, preguntándose qué Iglesia quiere el Señor para los próximos años.

La misión será, sin duda, una oportunidad providencial para renovar estructuras pastorales, fortalecer la comunión entre parroquias, impulsar nuevos liderazgos y despertar la conciencia evangelizadora de todos los bautizados. Cada comunidad está llamada a convertirse en discípula misionera, capaz de anunciar a Cristo no solo con palabras, sino con obras concretas de caridad, reconciliación y servicio.

En este camino misionero, María Santísima ocupa un lugar especial. Ella, que acompañó a la Iglesia naciente y salió presurosa a llevar a Cristo a Isabel, sigue siendo modelo perfecto de misión. La Diócesis de Garagoa, profundamente mariana, encomienda este proceso evangelizador a la protección maternal de la Virgen, para que cada misionero sea reflejo del amor y de la ternura de Dios.

El inicio de la Gran Misión Diocesana ha sido, en definitiva, un acontecimiento de gracia. Dios ha visitado nuevamente a su pueblo y ha despertado en muchos corazones el deseo de servir, evangelizar y caminar juntos. El jubileo de los cincuenta años comienza a prepararse no solo con celebraciones, sino con una verdadera conversión pastoral y espiritual.

Hoy la Diócesis de Garagoa se pone en camino con la mirada fija en Cristo. Desde el altar, donde Él se entrega plenamente en la Eucaristía, brota la fuerza para salir al encuentro de todos. Y mientras las cruces misioneras llegan a cada parroquia, resuena con fuerza el llamado que une a toda esta Iglesia particular:

“Con Cristo en el corazón, del altar a la misión.”