“Somos Iglesia con rostro campesino”

NOVIEMBRE:

“Festejemos en este mes la fiesta de San Isidro”

TEMA: MIS TALENTOS PARA DIOS

Oración inicial:

Señor, gracias por los talentos que me has dado. No permitas que la apatía o el desánimo me lleven a enterrarlos o a utilizarlos para mi beneficio personal. Ayúdame a comprender que lo que se me ha dado se multiplica dándolo, invertirlo y compartirlo con todos. Amen.

Ambientación: (Lee y reflexiona).

Testimonio de una vida sencilla, laboriosa y piadosa”.

Cuarenta años antes de que ocurriera, había escrito Cicerón: “De una tienda o de un taller nada noble puede salir”. Unos años después, en el año primero de la era cristiana, salió de un taller de carpintero el Hijo de Dios… Hacia el año 1080 después de Cristo, nace el patrono de la villa de Madrid (España) y de los agricultores. El patrón de aquella villa recién conquistada a los musulmanes, no es un rey, ni un cardenal, ni un rey poderoso, ni un poeta, ni un sabio, ni un jurista, ni un político famoso. El patrón es un obrero humilde, vestido de paño burdo… y con callos en las manos. Es un labrador, San Isidro. Como el Padre de Jesús, cuyas palabras nos transmite San Juan en el evangelio 15,1: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador” (P. Jesús Martí Ballester).

Reflexión: (Mt 25, 14-30; Hch 4, 32-35).

  • LOS TALENTOS NO SÓLO REPRESENTAN LAS PERTENENCIAS MATERIALES.

El talento era un lingote de plata que equivalía a 6000 denarios (jornales) (unos 35 kilos de plata), una fortuna. Dos esclavos, hicieron más dinero con el dinero. El señor los alabó y ensalzó. El que recibió un talento no lo invirtió, pero según la ley, es el único que, enterrando el talento, obró correctamente.

Los talentos son también las cualidades y capacidades personales que Dios nos ha dado a cada uno.

El Papa Francisco (2014), subrayaba que “el patrimonio que el señor entrega a sus siervos en la parábola representa sobre todo bienes espirituales, es decir, su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón”. Quien aprovecha estos dones y los da a conocer, permite a Dios hacer fructuosa la propia vida, quien no aprovecha los bienes que Dios le envía y “los entierra”, se hace voluntariamente incapaz de recibir más y de crecer para dar más fruto.

Un ejemplo de siervo fiel en lo material y espiritual, lo tenemos en San Isidro Labrador. A él lo podemos describir con el lema: “Entierra el grano el labrador, y lo encomienda a Nuestro Señor”.

Entre sus milagros más famosos están:

  • Milagro del molino – Isidro multiplica el trigo que ofrece a las palomas hambrientas.
  • Milagro de los bueyes – En este milagro los bueyes aran y realizan las labores mientras Isidro reza. Al ser espiado por su amo, tras la acusación de que abandonaba el trabajo para rezar, este ve cómo los bueyes aran solos.
    • Milagro del lobo – Unos niños le advierten a Isidro que hay un lobo que merodea a su burro, por lo que comienza a rezar y logra con esto, salvarlo del inminente ataque.
    • Milagro de la olla – Ofreciendo comida consiguió multiplicar la comida que tenía en una olla metiendo un puchero repetidas veces.
    • El milagro del pozo – El único hijo que tuvieron con María Toribia, un día cayó a un pozo muy profundo. Los esposos corrieron y no encontraban forma de rescatar al pequeño. Entonces rezaron arrodillados con tanta fe que las aguas del pozo empezaron a subir y su hijo apareció en la superficie dentro de una canasta, sano y salvo.
    • MIS TALENTOS PARA DIOS

    No importa de qué estamos hechos, todos tenemos dones.

    La gracia y la libertad entran en juego en ese gran negocio de la salvación. Sólo Dios sabe lo que cada uno ha recibido en inteligencia, carácter, familia, sensibilidad, dones de gracia. Nuestros talentos son para Dios al servicio de los demás. El premio es la canonización de su buena acción. (Mt 25,14–30).

    • ¿QUÉ HACER EN LA IGLESIA?

    Somos productos de Dios, de la comunidad en la que celebramos. En esta espera del gran juicio de Dios, nosotros los que hemos recibido la vida, la fe, el evangelio, el título de hijos de Dios, la familia… y otros muchos dones menos importantes ¿los ponemos al servicio de los demás o los escondemos? A Dios no hay que tenerle miedo, pero, muchas veces, tenemos miedo a los demás y enterramos los dones que bien usados podrían hacer crecer la comunidad. “¡Desentierra ese talento! Hazlo productivo: … no importa que el resultado no sea en la tierra una maravilla que los hombres puedan admirar. Lo esencial es entregar todo lo que somos y poseemos, procurar que el talento rinda, y empeñarnos continuamente en producir buen fruto” (San Josemaría).

    Tres invitaciones para poner en servicio nuestros talentos:

    1) Acerquémonos a descubrir la belleza de la familia cristiana tal y como la vivió San Isidro labrador: hizo de su vida en familia lo que se lee en los hechos de los Apóstoles: “… Daban testimonio de la resurrección del Señor con valor…Lo ponían a disposición… Distribuían según lo que necesitaba cada uno” (Hch 4, 32-35).

    2) Acerquémonos a descubrir la belleza del trabajo tal y como lo vivó San Isidro Labrador: el trabajo es necesario para vivir la dignidad con la que Dios nos creó (El sembrador: Mt 13,3-8). “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador… PERMANACER EN LA VID” (Jn 5, 13-19).

    3) Acerquémonos a descubrir la belleza del testigo de Jesucristo a través de San Isidro Labrador: Él sabía que el anuncio del Evangelio tiene que ir acompañado con el testimonio concreto de la caridad: “La fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (St 2,17).

    Reflexión personal – Taller:

    Entra dentro de tu corazón y Dios te ayudará a encontrarlo dentro de ti. Reflexiona:

    • El Señor, no deja a ningún obrero sin talento. A todos nos da algo con lo cual podamos fructificar. Y a mí, ¿Cuántos me ha dado? … Analiza tu jornada. ¿Qué has hecho hoy? ¿Qué cualidades han dado su fruto? ¿Cuántas veces has dejado sin hacer lo que debías?
    • Oración final: Elevo mi oración al Señor.