Pastoral Educativa

La acción del movimiento diocesano de educadores, debe convocar siempre y sistemáticamente a todos los educadores Católicos, convoca a los mismos solo en nombre de la fe cristiana y en orden a su madurez; por lo cual requiere un mínimo de organización, debe responder a las tres etapas necesarias para crear un movimiento: Convocación, Formación y Madurez; es orgánica y planificada dentro del plan pastoral de la diócesis.

 

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NATURALEZA Y CARACTERÍSTICAS DE LA EDUCACIÓN CATÓLICA.

 

La educación católica es una de las maneras como la Iglesia cumple la misión profética de anunciar a los hombres la buena nueva de la salvación y se inserta dentro de los derechos legítimos de los pueblos a la libertad religiosa. Educación católica no quiere decir educación meramente religiosa, ciertamente la comprende pero va más allá, la educación católica asume los fines sociales y humanos de la educación, pero abarca también, todas las dimensiones de la educación “integral de la persona humana”, a fin que el alumno desarrolle armónicamente las “físicas, morales e intelectuales”, adquiera el recto uso de la libertad y la responsabilidad y se prepara así, para la vida social (c. 795); en cuanto comprende la educación “física, social, cultural, moral y religiosa” (c. 1136). En términos generales, por educación católica, entendemos el proyecto de formación integral del ser humano, según los principios de la doctrina cristiana, desarrollados por la Iglesia Católica.

 

El fin de la educación es la formación integral de la persona, es decir, una formación que atienda al fin último del hombre, que oriente el sentido de la vida, que despierte y avive el sentido de trascendencia del educando, en la que va incluida la formación moral y religiosa, la formación que se ha de impartir en todas las escuelas, pero respetando siempre el principio de la libertad religiosa. La educación ha de atender también, el bien de la sociedad de la que el educando es miembro y por ello, debe capacitarlo para su inserción y participación activa en la vida de la comunidad, contribuyendo a su desarrollo y cumpliendo cabalmente sus deberes para con ella.

 

La educación católica se orienta a los fines relacionados con la vocación cristiana (GE 2), es decir, no persigue solamente la madurez de la persona humana, sino que se propone lograr que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don de la fe y así lleguen “al hombre perfecto en la plenitud de Cristo” (Ef 4,13), conscientes de su vocación, acostumbrándose a “dar testimonio de la esperanza que hay en ellos” (1 Pe 3,15). Este es un fin, enteramente social, puesto que el descubrimiento de la propia vocación, conlleva la responsabilidad para vivirla en unidad con todos los de miembros de la Iglesia (Christifideles laici, 59).

 

La educación católica tiene unas características esenciales: una inspiración cristiana, una reflexión continua, a la luz de la fe católica en fidelidad al mensaje cristiano; una dimensión profética de anuncio de principios y valores y de denuncia de injusticias y desórdenes, en medio al drama de la vida social, en fin, es un espacio privilegiado para construir identidades y para formar en los valores, para sembrar futuro y esperanza cristiana. Las fuentes de la educación católica son las mismas de toda la enseñanza cristiana, es decir, la Divina Revelación, la Tradición y el Magisterio, siempre acomodadas a las normas de la pedagogía y la didáctica de la educación, reguladas por los lineamientos y estándares curriculares propios.

 

La educación católica no desconoce la importancia de la razón tanto filosófica, como científico positiva, pues sabe muy bien que, razón y fe, son como la esencia del conocimiento religioso, y como enseñó Juan Pablo II, son como “las dos alas, mediante las cuales el hombre emprende su vuelo en la búsqueda de la verdad” (FR 1).

 

La Palabra de Dios constituye el primer y decisivo fundamento de la educación católica, junto con la interpretación del Magisterio, “la divina revelación es la última posibilidad que Dios ofrece para encontrar la verdad. La Revelación cristiana es la verdadera estrella que orienta al hombre que avanza entre los condicionamientos de la mentalidad inmanentista y las estrecheces de una lógica tecnocrática; es la última posibilidad que Dios ofrece para encontrar en plenitud el proyecto originario de amor iniciado con la creación. El hombre deseoso de conocer lo verdadero, si aún es capaz de mirar más allá de sí mismo y de levantar la mirada por encima de los propios proyectos, recibe la posibilidad de recuperar la relación auténtica con su vida, siguiendo el camino de la verdad” (Juan Pablo II, Fides et ratio, No. 15).

 

Los responsables de la educación católica.

 

La educación cristiana es una tarea rica y compleja que se realiza por diferentes caminos y medios, es una actividad en la cual a la cual confluyen diversas personas, ambientes e iniciativas eclesiales (Cf. Conferencia Episcopal de Colombia, Escuela y Religión (2000), No. 20). Entre las formas e iniciativas se pueden numerar: la educación familiar, la formación catequística sistemática, la educación religiosa escolar, la predicación y la celebración litúrgica, la formación en los diversos grupos y movimientos eclesiales, la evangelización en general y los medios de comunicación social, etc. 

 

De forma directa, son responsables de la educación católica toda la comunidad eclesial, pero de modo específico sonco-responsables junto a la familia la escuela  y parroquia, por cuanto participan del derecho – deber de la educación cristiana y son para los padres una ayuda necesaria. De modo particular, corresponde a los pastores de almas, la responsabilidad de “disponer lo necesario para que todos los fieles reciban educación católica” (c. 794,2) y, más precisamente, para tener “escuelas en las que se imparta una educación imbuida del espíritu cristiano” (c. 802). La familia, la escuela y la parroquia son los lugares privilegiados para la educación de la persona, razón por la cual, necesario que exista una estrecha y recíproca relación y colaboración entre padres de familia, la escuela y la parroquia (cf. c. 796,2).

 

Dimensión Teológica.

 

La ERE se fundamenta, en primer lugar, en el marco bíblico teológico de la misión primaria de la Iglesia de anunciar el evangelio, y en el dinamismo de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,1-12; Lc 6,20-26), en cuanto principios y normas de vida, que han de estar presente en todo proyecto educativo de inspiración católica, para la cual, “los principios evangélicos están llamados a convertirse en normas educativas, motivaciones interiores y metas finales de la educación católica, para que pueda denominarse tal” (Aparecida, No. 335). La meta y propósito último de la escuela católica consiste en conducir a los niños y jóvenes al encuentro con Jesucristo vivo, quien se presenta como “Hijo del Padre”, Maestro, hermano y amigo de los hombres; “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). En efecto, la educación católica debe tender a la formación de discípulos y misioneros de Cristo (cf. Aparecida, 338).

 

En cuanto a la dimensión teológica, siguiendo el documento de Aparecida, la educación católica, se sostiene en tres dimensiones: dimensión cristiana, eclesial y moral, pues la finalidad de la educación católica es conducir “a un proyecto de ser humano en el que habite Jesucristo con el poder transformador de su vida nueva” (Aparecida, No. 332). La Iglesia se hace presente de modo preciso en la educación católica, con su doctrina y mediante sus miembros, de modo que la comunidad se constituye en autentica “comunidad eclesial y centro de evangelización”, que en nombre de la Iglesia cumple la tarea de formar los discípulos y misioneros (Aparecida, No. 337). En fin, la educación católica está llamada a ayudar a los niños y jóvenes a “adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden y que los conviertan en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad” (Aparecida, No. 328).

 

Los valores de la moral cristiana inspiran y trasforman la vida y las actitudes de los alumnos en el ámbito de la educación católica (cf. Aparecida, No. 331) ellos son normas interiores y al mismo tiempo, en metas finales del proceso educativo.  

 

P. Saul Efren Cruz Torres. 
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