LOS CARISMAS Y MINISTERIOS EN LA IGLESIA.


“Hay, diversidad de carismas, pero uno solo es el Espíritu;
hay diversidad de ministerios, pero uno solo es el Señor;
hay diversidad de operaciones, pero uno sólo es Dios,
que lo hace todo en todos y a cada uno se le ha dado
una manifestación particular del Espíritu
para la utilidad común” (1 Cor 12, 4-7).

1. Definición y presentación.

¿Que son los carismas? La palabra carisma viene del griego y significa una gracia divina, una acción o un poder divino en la persona. Un carisma es un don espiritual que el Espíritu Santo concede a los fieles para la edificación de la comunidad cristiana (1 Corintios 12, 7). En otras palabras, los carismas son un dones de Dios para la Iglesia, por los méritos de Cristo y por la acción del Espíritu santo. Los carismas capacitan y disponen a los fieles para asumir varias obras y funciones, útiles para la renovación de la Iglesia y para el desarrollo de su misión. Algunos de estos carismas son comunes y otros son extraordinarios y requieren ser reconocidos y aceptados  por la Iglesia.


La Iglesia es “ministerial y carismática”, en ella todos formamos un único cuerpo en Cristo (1 Cor 12,12-30) y por lo tanto, todos nos necesitamos y debemos poner al servicio complementario de los demás los dones, carismas, ministerios y funciones que el Señor, el Espíritu y la misma Iglesia ha suscitado y sigue suscitando.

Los carismas y los ministerios hacen la comunidad según la fuerza del Espíritu. San Pablo distingue diversos ministerios entre los miembros de la comunidad creyente: el ministerio de apóstol, de profeta y de doctor (1 Cor 12,28; Ef 4,11), así como los evangelistas y pastores (Ef 4,1-6). A los responsables de las comunidades de fe los llama “sus colaboradores” (Rm 16,3; 1 Tes 3,2; 2 Cor 8,23; 1 Tes 5,12; 1 Cor 16,16).

En cuanto a la procedencia se pueden distinguir tres categorías de ministerios: 

a) Por designación expresa de Jesús: la llamada y la institución de los doce apóstoles (Lc 6,13; Mt 10,2; Mc 6,30).

b) Por designación del Espíritu Santo: ministerios señalados  por san Pablo: (Rm 12,6-8; 1 Cor 12,8-11; 1 Cor 12,28; Ef 4,11);

c) Por designación de la Iglesia. La Iglesia, considerando las necesidades particulares, llama colaboradores (Act. 6,1-6; 13, 1-3) ó en las cartas paulinas (1 Cor 16,16; 1 Tes 5,12; Rm 16,1, etc).

2. Características de los carismas.

a) Para el bien común. Los carismas son dados para la edificación de la Iglesia. Sus efectos se manifiestan en favor de los miembros del cuerpo en función del amor. Son útiles para la misión y por lo tanto no son ni privados, ni superfluos, ni para intereses personales.  

b) El Espíritu Santo los concede a quien quiere y cuando quiere. (1 Cor 12,11) y los otorga en todo tiempo y lugar a quien quiere, cuando quiere y en la medida que él quiere. Un carisma se recibe de manera independiente de los méritos del individuo. 

c) Son dones transitorios o permanentes. El Espíritu Santo los concede y los recoge según su beneplácito. Hay que pedirlos a Dios, pero en docilidad y humildad y por intenciones rectas y buenas. 

d) Los carismas son para la construcción del pueblo de Dios, mediante la proclamación del evangelio y el ejercicio del apostolado cristiano.

e) No son requisitos para la salvación personal como lo es la gracia santificante. No es más santo el que tenga mayores carismas, per sí es más responsable. 

f) No se deben apagar los Carismas. Es necesario cuidar el uso de los carismas tanto para desarrollarlos como para encaminarlos en forma equilibrada hacia el propósito querido por Dios. San Pablo advierte y recomienda: “No apaguen el Espíritu. No desprecien las profecías. Examínenlo todo y quédense con lo bueno. Absténganse de todo mal” (1 Tes 5,19-22). 

g) Es necesario saber discernir los carismas. Los carismas brotan con formas propias y siempre nuevas, por eso, siempre es necesario un adecuado discernimiento para reconocer lo que viene del Espíritu. A los pastores de la Iglesia les corresponde dirigir este discernimiento, como también, promover y hacer florecer nuevas modalidades de carismas y ministerios, insertándolos adecuadamente en la vida de la Iglesia.

3. Los ministerios laicales en la Iglesia.

a) Descripción.

Desde sus orígenes la Iglesia fue ministerial, el Espíritu ha suscitado siempre diversos carismas y múltiples ministerios. Uno de los mayores frutos del Concilio Vaticano II ha sido el surgimiento y florecimiento de los ministerios laicales y la desclericalización de muchas funciones y ministerios en la Iglesia. La Encíclica “Christifideles Laici” (1988), del Papa Juan Pablo II desarrolla toda la teología y la doctrina sobre el laicado, su identidad y su misión en el seno y en la vida de la Iglesia. En ella se precisa que el fiel laico vive la comunión o inserción en la Iglesia desde la diversidad de carismas, ministerios, encargos y servicios.

La Iglesia es comunión orgánica de fieles, que viven en comunión y participación, que se complementan con la fuerza de la diversidad. Lo distintivo en ellos no es la mayor o menor dignidad, sino el estar equipados y dotados para un mayor y mejor servicio. Todos los ministerios y carismas son dones para la participación y corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. Hay ministerios que derivan del sacramento del Orden y sirven a la Iglesia personificando a Cristo Cabeza. Otros ministerios se pueden denominar como “laicales.

El código de Derecho canónico indica que los fieles cristianos, en razón del  bautismo, se integran en el pueblo de Dios, y participan a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo” (c. 204,1).

b) Clases de ministerios.

En la Iglesia hay ministerios instituidos y ministerios delegados. Los primeros son estables, los segundos son temporales.

  • Ministerios laicales delegados, son aquellos ejercidos en circunstancias particulares, tales como: ministros extraordinarios de la comunión, catequistas, cantores, etc.
  • Ministerios estables o instituidos. Son ministerios  permanentes al servicio de la Iglesia, tales como: el de lector y el de acólito instituidos. Éstos dos ministerios están reservados a los laicos varones.

En cuanto a  la autoridad que los instituye, pueden ser:

  • Con mandato del Obispo. Para los colaboradores en los ministerios a nivel diocesano.
  • Con mandato del Párroco. Para los colaboradores estables del ministerio parroquial.
  • Otros surgen de la responsabilidad recibida en el movimiento apostólico, al cual pertenece, tal es el caso de los directores de los grupos apostólicos.


Estos ministerios se articulan y sirven dentro de las cuatro dimensiones pastorales de la Iglesia:

  • La evangelización y la catequesis
  • · El culto y la liturgia.
  • La caridad cristiana y pastoral social.
  • La acción pastoral orgánica y formación de los fieles para los ministerios.


Es necesario evitar dos Posibles errores en la comprensión de los ministerios laicales:

  • Los ministerios laicales no tienen su fundamento en la escases de sacerdotes, ni por una decisión democrática, sino por el derecho deber de los fieles laicos, en razón del bautismo.
  • Los ministerios laicales no convierten a quienes los poseen o ejercen en “pastores”, ni los hace clérigos, sino que estos ministerios, oficios y funciones se fundamentan en el bautismo y confirmación y para muchos en el matrimonio.  

P. Saul Efren Cruz Torres.
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