Sin la virgen María, la fe corre peligro.

Homilía del Papa Francisco, Santa María la Mayor, 28.01.2018

 

Qué importante reflexionar sobre este tema, hoy (02.02.18) cuando celebramos la fiesta de N.S. de la Candelaria, patrona de la Catedral de Garagoa. 

 

El su homilía del 28 de enero de 2018 en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, el Papa Francisco destacó la importancia de la Virgen María para el cristiano y recordó que fue el mismo Jesús quien, sobre la cruz, dio a María a los discípulos como Madre y por lo tanto, el camino del cristiano debe sostenerse en ella.

 

En la homilía, el Pontífice reflexionó sobre la oración mariana más antigua que se reza en la Iglesia: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches nuestras súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!”.

 

Bajo tu amparo nos acogemos. Es necesario recurrir a la virgen en los momentos de peligro. “En los momentos turbulentos necesitamos acogernos bajo el manto de la Santa Madre de Dios”. La expresión “acogerse bajo el manto”, utilizada con frecuencia en la Iglesia, tiene un bello sentido histórico y cultural. Señaló que “durante mucho tiempo, los perseguidos y necesitados buscaban refugio junto a las mujeres nobles de alta clase social: cuando sus mantos, que se consideraban inviolables, se tendían en signo de acogida, significaba que habían concedido su protección”.

 

“Así es para nosotros respecto a la Virgen, la más alta mujer del género humano. Su manto siempre permanece abierto para acogernos y protegernos”. La Madre custodia la fe, protege las relaciones, salva en la intemperie y preserva del mal. Allí donde la Virgen habita, el diablo no entra en esa casa. Donde está la Madre, la perturbación no prevalece, el miedo no vence”.

 

No deseches nuestras súplicas. “Cuando nosotros suplicamos a María, María suplica por nosotros”. María es aquella que intercede rápidamente, “la Virgen no se retrasa, lleva rápidamente hasta Jesús las necesidades concretas de la gente, como en las Bodas de Caná: “No tienen vino” (Jn 2,3). Así hace cada vez que la invocamos: cuando nos falta la esperanza, cuando nos falta la alegría, cuando se nos han agotado las fuerzas, cuando se apaga la estrella de la vida, la Madre interviene. María “permanece atenta a las fatigas, sensible a las turbulencias, cercana al corazón. Y nunca, nunca desprecia nuestras oraciones, no deja ninguna atrás. Es Madre, no se avergüenza nunca de nosotros, sólo se preocupa de poder ayudar a sus hijos”.

 

Líbranos de todo peligro.  El Señor mismo sabe que necesitamos refugio y protección en medio de tantos peligros. Por ello, en el momento más alto, sobre la cruz, dijo a su discípulo amado, y a cada discípulo: ‘Ahí tienes a tu Madre’. La Madre no es una opción, es el testamento de Cristo. Y nosotros tenemos necesidad de ella”.

 

Además, el Papa advirtió que “es un gran peligro para la fe vivir sin Madre, sin protección, dejándonos llevar por la vida como una hoja en el viento. El Señor lo sabe y nos pide que acojamos a la Madre. No es una etiqueta espiritual, es una necesidad de vida. Amarla no es poesía, es saber vivir. Porque sin Madre, no podemos ser hijos. Y nosotros, antes que nada, somos hijos, hijos amados, que tienen en Dios a su Padre, y en la Virgen a su Madre”. Si no seguimos a la virgen María vamos fuera del camino, porque es una señal de la vida espiritual. ¿Quién mejor que ella puede acompañarnos en el camino?”.

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